16 de diciembre de 2015

La política norteamericana: espectáculo y simulacro

Donde se libran peleas de boxeo, otro show en Las Vegas, en el desierto del simulacro y lo simulado


Puro teatro. En Norteamérica el juego político se hace con escenografía y efectos especiales. Crowds on Demand (Multitudes por pedido) es una empresa que contrata a actores jóvenes para atestar auditorios, aplaudir, fingir entusiasmo, pedir autógrafos y pasar por paparazzi pertrechados con cámaras y flash. Tal ha sido su éxito que cuenta con sucursales en Washington, Nueva York y California. Adam Swart, presidente, indica que los candidatos políticos -de ambos partidos- que utilizan sus servicios reciben mayor atención en los medios de comunicación y por ende puntean más alto en los sondeos.

A través de más de dos siglos las elecciones presidenciales norteamericanas  han servido de marco a un colorido ritual que alienta la maledicencia y los ataques personales (recuérdese la contienda Adams y Jefferson). Las campañas requieren recorridos en ferrocarril, muchedumbres con pancartas y banderitas, asados (bar-b-q), meriendas con hot dogs, conciertos, juegos de béisbol, todo con el nivel de amplificación necesario para el lente mediático. Las convenciones se organizan como multitudinarios "revivals" protestantes.   

Al abrirse la posibilidad de recaudar millones de dólares y entrar Madison Avenue en las contiendas, se operó un cambio de modelo. El marcadeo, la imagen, los sound bytes, la manipulación y frecuencia del enfoque editorial, la creación de una marca y narrativa correspondiente, la constancia del mensaje, las campañas publicitarias, desviar las crisis y preguntas conflictivas son ya técnicas probadas. Las elecciones son una máquina lucrativa para activistas, medios de comunicación, agencias publicitarias, consultores, "party planners" y todo tipo de negocios parasitarios conectados a las maquinarias políticas. Con la decisión judicial Citizens United, el caudal recaudatorio se ha multiplicado. No se elige un candidato: se vende y compra un candidato.

En este contexto y con el histrionismo apocalíptico que ha sembrado la derecha americana, los fundamentalistas evangélicos y el Tea Party, el protagonismo de un personaje como Donald Trump es predecible. Fox (Faux) News mantiene su puntaje y popularidad con un público ansioso de doctrina facilista, alarmista y presentada de forma sobreactuada. Tienen que brindar a su clientela la propaganda que reafirma el fin del imperio americano, la decadencia moral y el desplome económico y militar. La culpa cae, por supuesto, en la sospechosa alianza de los liberales del nordeste, los "politically correct" (guerra cultural) y ese sospechoso negro musulmán Barack Obama, el Otelo de la Casa Blanca. Recordemos que fue Donald Trump el líder del movimiento "birther". Durante años -y a pesar de documentos oficiales- el millonario del coif milagroso afirmaba que el Presidente es extranjero.

Ciegos permanecen al descenso en el nivel de desempleo, la rebaja en el nivel de déficit presupuestario, la mejora del sector inmobiliario, la captura de Bin Laden y otros cabecillas del integrismo islámico, el alza sostenida en los niveles de Wall Street, la fortaleza del dólar con bajos intereses y sin inflación así como el alza en la producción nacional de petróleo. El espectáculo como medio propagandístico es efectivo, cancela las facultades críticas y todo vestigio de discernimiento.



La competencia para Cirque du Soleil, el cabaret TAO y los comediantes de "Lipshtick" en una noche de Las Vegas


El melodrama político, como las telenovelas, crea una adicción. Un animador de televisión conocido por la frase "¡está despedido!" estrena una serie televisiva. En su nuevo culebrón "peluquín" se postula para Presidente y tiene ya una teleaudiencia asegurada. Si con su vulgar acento de Brooklyn arma un "varieté" en el que los mexicanos, la menstruación, los medios "hostiles", al Otelo Presidente y los musulmanes cargan con la culpa de todo lo que aqueja al país, tiene su victoria asegurada. ¿Sus aliados? Cuanto  xenofóbico Tea Partier fue radicalizado por los Republicanos durante las asambleas "Town Halls" anti-Obamacare. Allí marchan los "red necks", los defensores de la Segunda Enmienda que tienen bombas atómicas en sus arsenales, los racistas, los blancos pobres que llaman "white trash" o "trailer trash". Entre Donald Trump y Ted Cruz llevan a las urnas a personajes estrafalarios sacados de la película Deliverance. Ahora el Partido no sabe cómo abortarlo, con peluca y todo. Donald Trump es su feto deforme de madre Republicana pro-vida.

Un simulacro de Venecia en Las Vega, escenario para Anderson Cooper y sus comentaristas


Mientras tanto el circo continúa. Presentado por CNN, el  debate entre los candidatos Republicanos tuvo lugar en un casino de juego, en un sitio donde pudo haber boxeado Manny Pacquiao. En Las Vegas, los "presidenciables" competían con Cirque du Soleil, el TAO Night Club, los comediantes de "Lipshtick"  y las salas de juego. Era un espectáculo más. Anderson Cooper y sus invitados comentaban los pormenores del show con el fondo escénico de una faux Venecia. Fue kitsch y simulacro. El Venetian, hotel cum casino, propiedad de Sheldon Adelson, generoso contribuyente al Partido, es un simulacro de la Serenissima y se convirtió en la arena de pugilismo entre Donald Trump y Jeb Bush y entre el canadiense Ted Cruz y el cubanoamericano Marco Rubio. En otros espacios se jugaban fortunas y se bailaba en el Rockhouse. La política fue la otra función de una noche en Las Vegas. ¿Les veremos vestidos de gladiadores en un coliseo con los leones de Siegfried y Roy? Los plebeyos, alquilados, ya se encuentran en las gradas. 

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