La Castro fascina por las preferencias morbosas de su audiencia.
En próximos shows deleitará al público con atuendo leather, látigos y tenazas.
A la venta los derechos gay
La visita de “Mariliendra” Castro
La visita de Mariela Castro Espín provocó una iracunda
reacción en la comunidad gay cubanoamericana. Es muestra de sana inocencia o
inmadurez política. Sin ser médico, la sexóloga fue invitada a un hospital
californiano. Hizo una ponencia en el importante centro comunitario San
Francisco Lesbian Gay Bisexual and Transgender Community Center. Sin ser figura
académica pudo figurar como panelista en la Latin American Studies Association
(LASA). Sin credenciales en estudios “queer” o estudios de género fue asimismo
conferencista en la Biblioteca Pública de Nueva York gracias a los
organizadores de la Colección Gay, Lesbiana, Bisexual y Trasgénero de la propia
institución y la National Gay and Lesbian Task Force.
Recordemos un reciente escándalo. Según el periódico The Blade, un sondeo muestra que el
salario promedio entre directores de estas organizaciones oscila entre los
$180.000 a $300.000 más un per diem. Los ejecutivos de las instituciones GLBT
se ven en la necesidad de organizar actos recaudatorios (fiestas de galas,
premios de reconocimiento, “happy hours” y “mixers”) con el fin de sostener la
estructura burocrática, mantener el nivel de gastos y atraer una mayor membresía
que traiga legitimidad y estabilidad financiera. En término de eficiencia, la
mayor parte del tiempo productivo se dedica a “development”, eufemismo para las
labores de auto-permanencia y captación de nuevos socios.
Las organizaciones para la comunidad gay en Estados
Unidos toman como modelo la empresa capitalista: crean una marca y un logotipo,
hacen segmentación del mercado y se dan a la tarea de penetrar ese mercado.
Utilizan los medios de comunicación, afiches, invitaciones, eventos, crean una
imagen y envían un mensaje. Con mayor número de miembros, se hace más fácil
obtener “grants” o subsidios gubernamentales que ayudan a su misión específica
y permiten la seguridad de la burocracia establecida. Los objetivos van desde
el cabildeo, asuntos legales, anti-discriminación hasta la prevención y cura
del SIDA. Todo está perfectamente encasillado. Todo se soluciona con dinero,
fiestas y premios. Apelan a la vanidad y al instinto de legitimidad social.
Existe, de la misma manera, un sistema de clientela. Quien más tiene, más vale.
Quien está afiliado a bufetes o empresas más ilustres, más figura en los
“boards” o juntas directivas. Quien asegura mayor acceso a los políticos o a la
prensa, más peso tiene. Cuanto tienes, cuanto vales. Una minoría desplazada y
sin derechos funciona con los cánones elitistas y exclusivistas de la mayoría
que los segrega. El esquema capitalista les otorga el perfecto sistema
compensatorio para contrarrestar cualquier filo de rebeldía.
Y para estas empresas: ¿qué representa Mariela Castro? El
boleto a la actuación de Mariela es presenciar a una diva, una “fag hag”
extraordinaria (mariliendre o mariliendra en castellano), hija y sobrina de
tiranos que hace la opción por los homosexuales y las lesbianas. En forma
enfermiza, la comunidad GLBT norteamericana, obviando los abusos a las Damas de
Blanco, los periodistas y prisioneros de conciencia, se aferra al “radical
chic” de asociarse a una figura controvertida que trae publicidad y les remite
a un país exótico y sensual. Dentro de la industria turística primermundista,
Cuba se destaca por las excursiones eróticas. Muchos neocolonialistas gais han
podido experimentar las delicias amatorias de los habilidosos “pingueros”
isleños. Mariliendra Castro es la empresaria de los gais y se afana por
erradicar la imagen de homofobia que creara las políticas machistas (purgas y
campos de concentración) de su tío Fidel.
A diferencia del país que niega la visa de salida a Yoani
Sánchez y bloquea las voces críticas, nuestro país tiene la libertad de acoger
y dar foro a multitud de perspectivas. Un conversatorio legítimo cuestiona y
somete los puntos de vista a escrutinio serio. No fueron así las presentaciones
de la Castro. Sin mucho pensar, su posición anti-yanqui es título y credencial
suficientes para hacerla aliada y escudarla de cuestionamientos. ¿Sería como
traer a Rosita Fornés? No. La Castro fascina porque es hija y sobrina de
déspotas, elemento que imparte morbosidad a su espectáculo. En próximos shows
deleitará al público con atuendo leather, látigos y tenazas. En la comunidad
gay coexisten la autoaversión y la necesidad de validación.
En los Estados Unidos sólo seis estados reconocen la
unión de parejas del mismo sexo. La batalla para la adopción ha sido ardua lo
mismo que para los otros beneficios correspondientes a uniones establecidas. La
administración del Presidente Obama dio fin a dos fósiles del conservador Bill
Clinton: el “Acto en Defensa de la Familia” y “Ni Pregunte-Ni Diga” en las
Fuerzas Armadas. Los derechos civiles a los gais y lesbianas son aún campo
minado.
¿Compraron nuestros hermanos afroamericanos sus derechos civiles
a base de fiestas? ¿A quién cabildeó Martin Luther King? ¿Cuántas fundaciones y
juntas directivas organizaron Ralph Abernathy y Rosa Parks cuando el boicot a
los autobuses de Montgomery y tras las agresiones físicas a las que fueron
sometidos? ¿Cuántas organizaciones gay promueven la desobediencia civil
pacífica? ¿Cuántos estudiantes y jóvenes gay organizan -como en tiempos de
nuestros hermanos afroamericanos- Comités Estudiantiles para la No-Violencia?
¿Cuántos han sido arrestados en Albany? ¿Cuántos han organizado manifestaciones
como la de Birmingham? (No contemplemos los penosos desfiles y competencia de
músculos que se organizan en Nueva York y Miami Beach.) ¿Cuántas marchas a
Washington han organizado la National Gay and Lesbian Task Force, Lambda Legal
Defense, San Francisco Center, New York Public Library GLBT Collection y las otras
organizaciones que invitaron a Mariliendra Castro? Ni Abernathy ni el Reverendo
Martin Luther King ni Rosa Parks ni William Anderson recibieron altos salarios
por su misión moral ni se prestaron a adoptar los métodos de sus opresores. La
comunidad gay norteamericana se vende, prostituta, al mayor postor.